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Bacterias, hamburguesas y cine.

Esta ha sido la semana de la bacteria E. Coli en Europa, al menos de una de sus más ilustres mutaciones, la O104:H4, que se está llevando por delante a unas cuantas personas en nuestro continente y a la imagen de ciertas instancias del poder alemán, ese que señaló a los pepinos españoles antes siquiera de contar con unas analíticas fehacientes, que, por cierto, ahora exculpan a nuestras hortalizas.

Esta cepa, de origen aun desconocido, es una variante agresiva para el organismo humano de una bacteria que cuenta con versiones tristemente conocidas para nuestra especie, como la O157:H7, llamada de forma cariñosa la bacteria de las hamburguesas por su presencia activa en la carne picada que ha sido manipulada de manera negligente. Que ahora la nueva plaza fuerte de este microbio sea Hamburgo sólo es una de esas extrañas casualidades que a veces ocurren, y no la señal que algún conspiranoico querrá ver. No sé antes, pero desde luego, las hamburguesas ya no vienen de Hamburgo.

Las hamburguesas, decía, residencia de las hasta ahora conocidas cepas más letales de este maldito germen, suelen venir del McDonald´s o Burguer King, por ejemplo; de cadenas de comida rápida que ya han hecho de este plato un icono pop no ya por su significado cultural en la era moderna, sino como un resumen emparedado de todo lo que hacemos mal los humanos de esta época. Abaratar costes de producción es una –la- premisa del salvaje mercado que mueve un mundo donde la ética es sólo una pose, un reclamo publicitario, y ser competitivo, a veces, tantas veces, parece obligar a la industria a fumarse fases de control en el producto que la prudencia, esa puta apaleada, nunca desdeñaría. El resultado: muchas hamburguesas contienen mierda; la caca de la vaca que se cuela en la picadora cuando no hay tiempo para andarse con minucias como limpiar la cadena de despiece.

La película Fast Food Nation (2006, Richard Linklater –ya enlazaré-) viene al caso no sólo porque su argumento gire en torno a la presencia de materia fecal en las hamburguesas de ciertos restaurantes, sino porque, en estos días de incertidumbre en lo que a seguridad alimentaria se refiere, conviene que nos acerquemos a los entresijos de una industria que, tras conocerla mejor, comparte más similitudes con las infames armamentística y farmacéutica que con esos paraísos de verdes praderas que evocan en sus anuncios llenos de vacas -locas- encantadas de servir a la causa.



No dirás la palabra que empieza por F.

Leíamos el otro día en LA Times que la MPAA vuelve a las andadas: tras censurar El discurso del Rey, la junta fijó su ojo inquisidor en la nueva película de Thomas McCarthy, Win Win, con poco más de un mes en la cartelera norteamericana, y que fue clasificada R debido a su lenguaje, según la página del organismo. Esta cinta, dirigida por el guionista de Up, ha obtenido el aplauso unánime de la crítica, que alaba especialmente los valores que transmite esta historia de un abogado pasado de vueltas –Paul Giamatti- que se redescubre enseñando lucha libre en un instituto, y que se encuentra útil por primera vez justo cuando creía que su existencia tocaba fondo.

Por lo visto, la palabra que empieza por f –fuck- se repite varias veces en Win Win, que por ello peca de realista  para la MPAA cuando, como ya aprendimos en este blog, la lengua de Mordor solo se puede usar una vez si quieres obtener un PG-13, calificación que te abre las puertas de muchos más cines por admitir al público menor de edad sin necesidad de tutores. En cambio, este pequeño filme, con un presupuesto inferior a 10 millones de dólares, pagará su insistencia en reproducir el lenguaje coloquial con un clasificación R, lo que dificultará una distribución ya de por sí complicada si tenemos en cuenta el gasto en promoción que se pueden permitir con unos fondos tan miserables.

Todo esto después de ver cómo El discurso del Rey era reestrenado en EEUU el pasado 1 de Abril, en una versión “editada para su recalificación”, según la productora, es decir, sin las palabrotas que el Rey lanzaba al aire en la película para superar su problema, siguiendo el  consejo de su logopeda. “No ignoramos la norma solo porque sea una buena película” dice  Joan Graves, presidenta de la junta de calificación, cuyas palabras son aplicables a las dos producciones que hoy comentamos.

Es significativo que el ICAA, el organismo que califica las películas en España, haya otorgado un “para todos los públicos” a la primera versión –con sus cuatro tacos y todo- del premiado filme de Tom Hooper. Por suerte, en España se presta más atención a la violencia gratuita que al lenguaje cuando se trata de valorar la idoneidad de una cinta para el público infantil.

Merece la pena que leáis el artículo completo (en inglés) en el blog The Big Picture, de LA Times, para conocer de primera mano las peregrinas explicaciones de Joan Graves y el pesar de sus últimas víctimas, McCarthy y Hooper. 

Cada cual con su yihad.

Una ejecución sumaria realizada en terreno extranjero por un servicio de inteligencia, con las maneras propias de Rambo o, ejemplo patrio, del GAL, es anunciada con fanfarrias esta mañana por un gobierno, El Gobierno de los gobiernos civilizados, y celebrada en los centros neurálgicos del progreso y la libertad por sus ejemplares ciudadanos–occidentales- con un fervor rayano en el que muestran los más exaltados yihadistas de Kalashnikov y bandera ardiendo.


Buenos días, Occidente. Y buenos días, medios españoles. Llevamos una semana escandalizados, vía El País, provincia de Wikileaks, por las prácticas inhumanas de EEUU en Guantánamo, y quién sabe cuántos años simulando, aquí, en España, que hasta los asesinos en masa tienen derechos. Eso nos dicen, y acabamos soportando que De Juana Chaos sea percibido en no pocos sitios como un Jerry Conlon atormentado por el demonio imperial como aquel lo estaba en En el nombre del padre. Y nos acaba pareciendo normal.

Resulta, sin embargo, que cuando papá Sam –nunca podremos ser sus sobrinos, si acaso complacientes apadrinados- se carga al padre ideológico de su terror, los medios más comprometidos con el hábeas-corpus-para-todos hacen la vista gorda y se suman, por omisión y eufórica reacción, a la inverosímil foto de familia que ahora retrata a Occidente en las calles, celebrando con gritos patrióticos y ardor festivo, la bochornosa fiesta por un asesinato de desconcertante y doloroso paralelismo con el de otro terrorista: Ernesto Guevara.

No compararé al Che con Bin Laden, ni a una guerra declarada contra el terror como la de EEUU con la convivencia que proponemos nosotros con ETA, sólo intento ilustrar lo grotesco de la noticia, de la flexibilidad de nuestro parecer según sople el viento o cómo y cuánto están comprometidos ciertos intereses. Habría que ver las portadas y los titulares en los blogs de los analistas si el ejército español liquidase a un demostrado asesino de ETA escondido en otro país. No es necesaria una gran imaginación para suponer que la noticia sería muy criticada, vista como una injerencia y un acto al margen del derecho internacional incluso en nuestro país, y así confirmar que la corta distancia no nos deja juzgar los hechos con objetividad, y la larga, aún menos.

Que no nos extrañe, por tanto, encontrar en El País a gente comparando esta inquietante fiesta-funeral con aquella que elevó el canto libertario en la Plaza de Tahrir, o a un Lluís Bassets, director adjunto de El País, subido, no sé si de manera consciente, al carro de la euforia ejecutora, con un artículo en su blog que ya da fe de una derrota sonora del yihadismo, un movimiento que hace mucho que se soltó del abrazo de Bin laden, esa furia radical que ya aprendió a andar sola y sin ruedines y que, me aventuro, sólo saldrá reforzada de la muerte de su promotor.

Este turbante no le queda bien a Bassets, y la falta por ahora, en un medio progresista como el que dirige, de un análisis más crítico y más coherente con la cadena de acciones que nos han llevado hasta la noticia de hoy, y de sus próximas consecuencias, confunde a los que creen leer un medio de línea liberal y a los que creíamos legitimada nuestra superioridad moral por el invento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, esa en la que incluso justificamos nuestro respeto a la vida de los etarras, lujo que ellos no nos permiten.

Seguro que Bin Laden está mejor bajo el mar, pero al excusar la siniestra celebración que provoca el líder de Occidente al relatar un asesinato -otro fracaso de la justicia internacional-, creo que nos revelamos como el sumiso vasallo que se muestra comprensivo con el abuso del Señor. Mientras, espero, optimista, un análisis de la noticia a la altura de un medio como El País, y congruente con los valores y la inteligencia de sus lectores. 

El post sobre zombies en Madrid que debía publicar.

El pasado sábado 2 de Abril se celebró en Madrid la Marcha Zombie Madrid, una iniciativa que es costumbre en la capital desde 2007. Este blog envió a sus reporteros a la calle para registrar tan señalado acto, que merece un hueco en nuestro espacio por su carácter cinéfilo-necrófago y por el insólito hecho de conseguir convocar en la calle a miles de personas disfrazadas porque sí y a lo loco, que olvidaron por un día su naturaleza borreguil para alistarse en una élite de demostrada originalidad y sentido del humor, y salir así a la calle a provocar algo más que la cotidiana ración de indiferencia que experimenta cualquier viandante cualquier día de su vida.

Que este post salga hoy a la luz sólo es fruto de una lamentable serie de pequeñas desgracias relacionadas con lo tecnológico, lo anímico y lo terrenal. Vamos, que he estado muy liado, medio enfermo y sin Internet. La intención inicial era dar parte, al más puro estilo Orson Welles con su Guerra de los mundos, de una inexplicable invasión zombie en la corte madrileña, y crear algo de alarma inicial, disipándola con un toque de humor. Las fuerzas primigenias, como las que se citan en el vídeo de Network, un post más abajo, hicieron imposible que este proyecto seudoinformativo naciese a tiempo.

Un zombie pasa inadvertido a la multitud en plena Plaza del Carmen. Es lo que tiene la Marcha Zombie.

Un mundo implacable.

Hoy se estrena en España Inside job, el documental ganador del Oscar de este año en su categoría, ese que nos cuenta con sincera voluntad didáctica cómo el uno por ciento de la población mundial se hace con el dinero de todos los demás. A Boyero le parece una película de terror; no hay mejor definición. Asomarse un poco, nada más que para mirar por una grieta hacia fuera, hacia el exterior de la caverna, tiene un precio: hace daño a la vista y al alma. Después de ver este documental la mayoría preferiremos volver al abrigo de nuestra ignorancia consciente, a la seguridad de unas sombras proyectadas en la pared por ínclitos especialistas en el ilusionismo del capital. Seguiremos con nuestras vidas. Ya lo decía Platón.

Para abrir boca, y a falta aún de enfadarnos un rato viendo Inside job, pongo un ejemplo de cómo ven el mundo los que lo manejan, un ejemplo, después de todo, de cómo es en realidad...


El mundo es un negocio from jacgmur on Vimeo.

Network, un mundo implacable (Sidney Lumet, 1976), tiene este y otros momentos geniales. Los diálogos y los actores no tienen precio en este film que se llevó cuatro Oscars: los dos protagonistas, la actriz secundaria y el guión; casi nada. Peter Finch era el único precedente de Oscar a mejor actor entregado a título póstumo, hasta Heath Ledger, y nos dejó un personaje genial: el iluminado Howard Beale. Verla sigue siendo un placer, como pude comprobar hace unos días, así que ya sabéis, si sólo os quedan Tron o similares, haced el favor, poned Network.

¡Va por vosotros!

Hace unas semanas este que suscribe se sorprendió a sí mismo al observar con cierto estupor y una indisimulable mueca de divertida complicidad, el titular de una noticia publicada en la web de Europa Press: 


Inmediatamente me asaltaron los fantasmas de mi subconsciente, y una encarnizada lucha interna comenzó a librarse en zonas de mi psique de las que no hablo con mis amigotes, como diría el entrañable coronel Nathan R. Jessep.

En un bando se posicionaron mi empatía, mis valores, mi humanidad y mis nunca suficientemente ponderados y a menudo ignorados buenos sentimientos, que en un ejercicio de fuenteovejunismo se lanzaron todos a una a reprobar cualquier intento de justificar lo que es, a todas luces, un crimen execrable.

Del otro lado, en formación de a tres, se lanzaron al ataque mis muchas y creo que muy justificadas manías, mi misantropía galopante y un sentido del decoro alarmantemente nacionalsocialista que se apodera de mi persona siempre que traspaso el umbral de ese templo del arte y del saber que es una sala de proyecciones, y que con furor guerrero trataban de implantar en mí la idea de que, a cientos de kilómetros, se había producido un acto de justicia poética.

El destino, caprichoso, ya se sabe, y cargado en ocasiones de un macabro sentido del humor, quiso que justo el día anterior a desayunarme con tan terrible noticia, asistiera a un pase de Cisne negro que, por obra y gracia de un par de seres hambrientos que parecía acabasen de ser liberados de un cautiverio de lustros en una prisión balinesa, se convirtió en una biblioteca de efectos de sonido que sería la envidia de un documentalista de la National Geographic, o del montador de la saga Saw.

La profusión de gruñidos, jadeos, crujidos, y sorbos, aderezada con los estridentes y grimosos ruidos que produce una bolsa de aperitivos al ser aplastada, me llevaron por un instante a tener plena certeza de que lo que había detrás de mi butaca no era humano. Esa manera implacable de deglutir, alargada en el tiempo de manera incomprensible, como si asistiéramos a unas modernas bodas de Camacho, hizo mella en mi resistencia. El miedo se hizo fuerte en mí de manera tal que no era capaz de girarme hacia esa cochiquera que era la fila 13 a reprobar su actitud, habida cuenta de que casi con total seguridad me iba a encontrar a un par de gremlins desatados, como en la famosa escena de la película de Joe Dante.



Ciudadano Vigalondo.

La cronología de los días locos desde que Nacho Vigalondo se tomó cuatro vinos es conocida y públicamente accesible. No nos aburramos-indignemos- repasando la explosión informativa que acabó con la supresión, ayer, del blog del cineasta en elpais.com; para leer noticias, váyanse a Egipto. Allí el periodismo sí libra una batalla; aquí ya está perdida. Los mismos prejuicios y complejos que guían la moral en Hollywood, como Ricky Gervais sabe, se han instalado ya en nuestra realidad local. Las redes han sido el acelerante y el patíbulo a la vez. Los paranoicos, los aludidos, los indignados, los interesados, esos siempre estarán ahí. Lo que ocurre ahora es que la opinión llega muy lejos en La Red; está en todas partes y todos tenemos una voz pública si queremos. A los medios les toca decidir los criterios aplicados para valorar  una información y mostrar la necesaria ética periodística para garantizar un tratamiento  responsable.  Aun así, nada de esto importaría si el resultado no hubiera sido el que ha sido: le han echado y su imagen ha sido maltratada y malinterpretada por muchos, más papistas que el Papa todos.


Telemadrid salva al Tea Party.

“Un nuevo vídeo, esta vez grabado por el propio asesino de Arizona, muestra que sus facultades mentales estaban perturbadas. Jared Laughner critica en el vídeo las guerras de Irak y de Afganistan a las que califica de ilegales. Esto le alejaría de los postulados del Tea Party, y también del Partido Republicano".

Cristina Ortega. Presentadora de Telenoticias 2 en Telemadrid, el 17 de enero de 2011.



Podéis verlo en el siguiente clip, dando al play y arrastrando el cursor hasta los 40:04. Merece la pena ver toda la información que adelanta esta entrada de la presentadora para apreciar la particular interpretación  que hacen en Telemadrid de este vídeo, sólo para echarle una mano a sus compadres ideológicos:


En el clip de más arriba, los informativos de Telemadrid hacen patria y extraen la información que les parece más interesante de uno de los vídeos del perturbado que arremetió a tiros contra todo el mundo el pasado día 9 en Arizona, con la intención de matar a la congresista demócrata Gabrielle Giffords. Llama la atención el celo con que la cadena madrileña defiende las fuentes de las que quiere beber, o de las que quiere que bebamos. Poco ha tardado el entorno republicano en conseguir unas frases de Laughner que le separen de los ideales del conservadurismo norteamericano, y se han apresurado a señalar las críticas del joven a las últimas guerras de su país como una prueba inequívoca de su distancia ideológica con formaciones como el Tea Party, en el ojo del huracán por sus políticas reaccionarias en general y su postura respecto a la inmigración en estados como Arizona  en particular. Al menos no le acusan de ser demócrata, que yo sepa, y las opiniones del asesino sobre la guerra les servirán para limpiarse un poco la mierda de encima, para alejar la idea de que el chalado actuaba según el programa de la Palin. Es comprensible la intención de distanciarse, pero nunca debería sacarse una conclusión como la que Telemadrid nos suelta en plena sobremesa: que negar la legalidad de la Guerra de Irak y criticar las actuaciones internacionales  de EEUU son prueba innegable de locura.

Ricky Gervais: margaritas a los cerdos.

Si Ricky Gervais se proponía dejar de presentar en el futuro la gala de los Globos de Oro, la cosa le ha salido bien. Si solamente pretendía averiguar dónde están los límites del sentido del humor de las estrellas, ya lo sabe, aunque ha perdido un trabajo. Hoy, la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood ha anunciado la vaporización del humorista británico, que no presentará más la gala, tras dos años haciéndolo, con éxito la primera, con escándalo la segunda. La decisión responde a las quejas de algunos actores que, a través de sus agentes, trasladaron a la organización de los galardones su enfado por las bromas de Gervais. Hoy los aludidos pueden dormir tranquilos, se ha hecho justicia. Desacostumbrados como están a finales amargos la mayoría de los agraviados, la decisión habrá devuelto la calma, que no la honra, a estas sensibles estrellas que no dudan en tener una pataleta en lugar de tener la clase que no tuvo Gervais; según ellos, claro.

Desde luego, Gervais no es Billy Cristal. Uno se pasa la vida viendo como las galas de premios del cine se convierten en espectáculos sosos, tontos y llenos de autosatisfacción onanista. Los Oscars son para que todos se coman las pollas unos a otros a gusto, así que nos podemos imaginar la decepción de que te toque recoger premio justo en la gala en que se le va la olla a ese chalado Don Nadie. Mierda, hoy no me felicitan, hoy me van a hacer una broma que no sabré contestar porque no es una broma de las que me hacen el chico que me cuida el jardín o mi agente. Son bromas de verdad, de las que hace la gentuza de la calle cuando habla de nosotros. Hoy, decía, no. Hoy me van a intentar sacar los colores y lo van a conseguir. Hoy demando al gordo este. Y despido al del jardín, que seguro que se está riendo. Ya ves. En EEUU hay cosas que sólo puede decir Sarah Palin, la más famosa humorista del país.

Vuelven los remakes, vuelve Torrente.

Lo europeo siempre ha tenido una prensa muy curiosa en EEUU. El viejo mundo vive en el imaginario yanqui como la tierra del arte, de la cultura, de los reyes, del atrevimiento y de la laxitud moral. Todos sabemos lo que es un francés, además de un señor con boina y bigote. Todas esas cosas llegaban desde Europa, cuya capital era Francia, provincia de París. Las cosas ahora cambian, y de repente España mola, se habla de España. Somos trending topic, vaya. Nuestro país está de moda allí, y ya se empieza a hablar de esa región sureuropea con algo de respeto. Aún pendientes de superar ciertas barreras de conocimiento sobre los españoles, que todavía encontrarán una mayoría yanqui que piensa que la capital es Barcelona, cuna del toreo y el flamenco, apoyada por otras ciudades patrias como San Sebastián o Venecia, los americanos ya saben que existe un país del que salen Pau, Nadal, Bardémlope Cruz y posiblemente John Leguizamo.

Ahora, pues, nos conocen más, sobre todo gracias a personalidades como las citadas, y nuestra imagen allí es buena, más allá del exótico atractivo de esa realidad multinacional de vagos que necesita dormir por la tarde para salir por la noche. Nuestro capital humano derriba tópicos. Esto lo vemos reflejado en el mundo del cine, donde multitud de artistas y profesionales cruzan el charco requeridos por la fábrica de Hollywood. Además, los productos más exitosos de nuestro cine son importados para pasar por la máquina de hacer remakes que tienen allí instalada. Ejemplos como Abre los Ojos de Amenábar son precedentes de una tendencia que parece ir en aumento si hacemos caso de los rumores que ahora nos llegan.

El portal chino dianying.com cita esta semana a varios medios de Los Ángeles para anunciar algo que todos sabíamos inevitable: la secretísima producción Gushy: The Dumb Arm of the Law, que viene a ser la versión yanqui de Torrente, la primera. Dirigida por Todd Solondz y escrita por Jim Jarmusch, la aventura cañí de Santiago Segura se traslada a Baltimore y se adapta a la mitología de la zona, plagada de delincuencia y droga, como nos ha enseñado la serie The Wire, con la esperanza de que el público sepa entender el particular humor de nuestra casposa saga.

¿El próximo Torrente?
Liao Xiao, periodista del prestigioso medio oriental antes citado, desvela que el papel de Torrente ha estado muy disputado entre varias estrellas que, conocedoras de la enjundia del personaje, han pugnado por interpretarlo. El Globo de Oro y el Oscar masculinos de 2011 están decididos antes de que se entreguen los de 2010. El que haga de Torrente se lleva el gato al agua, y eso lo saben todos en Hollywood. Así, Bruce Willis, Jared Leto, Kevin Costner y, por qué no, Randy Quaid –ese loco maravilloso- se han peleado por el papel, que finalmente ha recaído en el actor que más lo deseaba: Tom. Al enterarse de que podría cumplir su sueño y, en un tour de force interpretativo sin precedentes -el de encarnar a Torrente- Tom Cruise envió a Solondz un vídeo con unas performances que había ensayado para el papel, en el hipotético caso de poder interpretarlo. Véanle en la foto ya caracterizado de Torrente.





Charlie Sheen y Randy Quaid patrocinan este post de mug shots.

Tenía pensado este post desde hace tiempo. Tiene gracia la increíblemente extensa colección de fotos que hay en Internet con estrellas del cine o la tele arrestadas, y pensaba hacer un repaso de las más curiosas algún día. Ocurre esta semana que los hechos me empujan a adelantar la idea:

Randy Quaid, ese loco maravilloso.
Primero, Randy Quaid -sí, el hermano de Dennis- fue detenido en Canadá tras huir de Estados Unidos junto a su esposa y ha pedido asilo político en el país vecino alegando ser perseguido por una red mafiosa de abogados y contables que ya habría acabado con los malogrados Heath Ledger, David Carradine y Chris Penn. A él, la justicia estadounidense le persigue por varios cargos tras no presentarse en los juzgados por un  incidente en California. Presuntamente, Quaid y su esposa Evi habrían entrado de manera ilícita en una casa de la que habían sido dueños, causando destrozos. Con esta denuncia, Quaid podría alcanzar el mérito de haber inventado la más disparatada historia de todos los tiempos para pedir asilo político en otro país y de paso, como parece evidente, para evitar ser juzgado en su patria. La pareja permanece detenida a la espera de una decisión del comité de inmigración canadiense. La deriva de Randy Quaid es obvia desde hace tiempo, como nos informa esta crónica de sus andanzas en elpais.com. 

Randy tiene una colección de mug shots, como otros ilustres de este post. Justo debajo, un ejemplo, con su esposa Evi. Él parece estar encantado. Normal, sabía que esa noche tendría un techo, después de todo.

Marvel vs DC Comics.

Como en una película de superhéroes, los dos gigantes del entretenimiento en viñetas se enfrentarán en los cines de todo el mundo para conseguir el mayor número de seguidores y la mayor recaudación de taquilla. Después de la compra de Marvel por parte de Disney los proyectos de esta se amontonan a la espera del banderazo de salida para hipnotizarnos o revolvernos en las butacas. A este envite de Marvel, su rival DC Comics responde con sus personajes más reconocidos esperando no fallar en el contraataque.

A quien apetezca hacer un pequeño viaje en el tiempo, sin la incomodidad de hacer maleta, está invitado a seguirme en este pequeño repaso a los personajes con mallas marca paquete que se nos avecinan en los próximos años.

Imagen de la película Thor.
Comencemos con un pequeño salto hasta el verano del año 2011. Marvel presenta cuatro pesos pesados de su almacén. Thor será el primero en este particular advenimiento, el próximo proyecto como director de Kenneth Branagh, algo como poco sorprendente para un enamorado declarado de Shakespeare. Quizá este sea el proyecto más sorprendente por las personas involucradas (Chris Hemsworth, Natalie Portman, Anthony Hopkins) como por las posibilidades en clave mitológica que puede ofrecernos la película, esperemos que con un resultado más satisfactorio que en Furia de Titanes.

El Americano: redención.

Un hombre puede definirse por su trabajo. Hay trabajos que permiten la desconexión –una vida- y otros  que exigirán siempre dedicación total –qué vida-. Un hombre puede, también, ser prisionero de su trabajo. Hay hombres que se dedicarán por entero a lo suyo buscando la perfección o un refugio; otros lo harán por todo eso y por cojones. Jack tiene un trabajo de los de por cojones. Desde luego es peligroso: obliga a Jack a manejarse al margen de la ley y lo mantiene a merced de otros lobos como él. Como es muy profesional, Jack antepone su trabajo a todo desde hace mucho. Es eficaz e implacable, luego solitario.

No sabremos más de él que lo que adivinamos viéndole huir de una trampa con frialdad asesina.  Su retiro en la nieve ya no es seguro y viajará a los Abruzos italianos por consejo de ese contacto del Este que todo tipo como Jack necesita para recibir encargos, para seguir siendo real. Entonces nos subimos en su coche y le acompañamos a su nuevo cubil. Llega a un pueblecito de montaña donde ocupa una casa discreta. Él, desde luego, es un caballero muy reservado, como anuncia el título de la novela de Martin Booth en que se basa la cinta, y esto se lo demanda su profesión. Pero algo ha cambiado en Jack. Su mafioso contacto se lo advierte: “No hagas amigos Jack, antes no fallabas”.

Las Vidas Posibles de Mr. Nobody: compleja frivolidad.


Si uno se sorprende a sí mismo buscando sinónimos de pretencioso y antónimos de trascendente a mitad de una película la cosa ya no tiene solución; mirar al techo o comentar la lista de la compra con la amiga son otros síntomas y las primeras señales de lo mismo. Las Vidas Posibles de Mr. Nobody  consiguió en mí estos efectos a los cuarenta minutos, más o menos, tras aclararme que la cosa iba a seguir por ahí, por donde iba.

Nemo Nobody, así de pedante es el nombre del protagonista, revive sus posibles vidas desde un futuro en que él es el último mortal o las prevé desde un pasado en que es un niño ante su primera decisión trascendente. Créanme, da igual. Esa decisión de infancia abrirá múltiples caminos posibles en el futuro y su yo centenario parecerá recordar cada probable versión de su vida pasada. Si te vas con mamá en el tren la cosa será así y si te quedas con papá en el andén será asá.

  

"El Hobbit" toma impulso -otra vez-.

La noticia ha llegado esta mañana, Gregorio Belinchón nos lo contaba muy temprano en el blog Versión muy original, que informa hoy de que El Hobbit podría ser dirigida, finalmente, por el propio Peter Jackson, que sólo tenía reservado el papel de productor. La noticia viene a responder al abandono de Guillermo del Toro, que se borraba del proyecto para continuar con su carrera, harto de esperar, y a una serie de acontecimientos que se desataban últimamente alrededor de la precuela de El Señor de los Anillos, con huelgas de sindicatos, crisis en los estudios y hasta un incendio que quemaba las instalaciones donde se rodó la exitosa trilogía

Con el Gobierno neozelandés mediando en el conflicto sindical y el inminente acuerdo entre estudios y el ya casi proclamado director, los augurios de Ian McKellen sobre que el rodaje comenzaría en enero de 2011 pueden acabar siendo válidos. Como siempre, Gandalf tiene la razón o, como diría Tolkien, su vista es más larga...
Otros dicen que daba un ultimátum, como en este artículo de 20 Minutos. Esta versión se basa en las declaraciones de McKellen diciendo que no iba a esperar eternamente a que empiece el rodaje. Tiene más pinta de amenaza, sí.

Hoy, una de tráilers.

Ración de tráilers de películas que vienen con buena pinta...

Recomendación: antes de nada, seleccionad la calidad 720p en cada vídeo, en el lado derecho de la barra inferior. Suele funcionar en 360p por defecto.

The Social Network. La de Facebook, vamos:


Let Me In. El remake de la reciente y brillante Déjame Entrar. La protagonista, Chloe Moretz, la niña asesina de Kick Ass.


Machete pincha en hueso.

Robert Rodríguez nos ha enseñado ya muchas veces cual va a ser su aportación al cine; sus trabajos más personales revelan su irrefrenable tendencia al homenaje y culto de la mitología del cine exploitation o grindhouse, lo que quiere decir cine que abusa sin complejos de la explotación morbosa en los temas que trata, generalmente de carácter populista que, expuestos con visión sensacionalista, suelen pretender la reflexión del público sin prestar atención a la calidad técnica y artística; lo que se dice cine de Serie B moderno, vamos. Las premisas básicas no escritas de este estilo cinematográfico, de hecho, parecen promover el abuso pornográfico de la violencia, el sexo y demás tabúes en general y ahí es donde Robert Rodríguez se lo pasa teta:  Abierto Hasta el Amanecer, Planet Terror y, ahora, Machete, son ejemplos de su reverencia hacia esa estética cochambrosa y de un trabajo personal dedicado a la conformación de un subgénero propio, una especie de metacine que nos cuenta en 2010 cómo es el cine setentaochentero que le gustaba tanto a Rodríguez, que nos lo muestra tal como era sin pretender actualizarlo, conservando como marcadores de género la cutrez y la falta de complicaciones discursivas, ahora convertidos en premisa y único propósito de la cinta,  y recreándose en lo gratuito e improvisado de aquel cine loco de sexo, zombies -Romero- o negros cabreados -Shaft-. 

¡Lapidus!
Machete es una película que insiste en ese homenaje a la serie B de los setenta y ochenta respetando todas sus disfunciones, que aquí son virtudes, y nos presenta, como en un cómic, a un personaje atormentado, injustamente perseguido, violento pero de buen corazón y con valores sencillos que, créanme, difundirá con asesina sencillez. Identificado nuestro héroe, una sucesión de situaciones en las que su brutalidad para matar y su hombría para montar hembras que inexplicablemente se le derriten encima, se alterna en montaje paralelo hasta el final y sin sentido alguno; esto es lo que el director pretende y le sale perfecto, es muy divertido el sinsentido típico de aquellos filmes a los que alude Rodríguez, y, como en Planet Terror, el dominio de la exhibición gratuita de casquería y testosterona con salsa de circo de los monstruos, retiene entretenido al espectador acostumbrado o simplemente prevenido, mientras que las escenas que se suceden son vistas como gags independientes de la misma gamberrada.

El Juego de Ender vuelve a funcionar.


Hace años que Hollywood le tiene echado el ojo a El Juego de Ender, de Orson Scott Card, pero todo intento de adaptar la novela ha resultado infructuoso hasta la fecha para desgracia de los amantes de la ciencia ficción en general y de Ender en particular. La desgracia se torna en maldición cuando, para espanto general, L.A. Times anuncia hace un par de días que Gavin Hood, expendedor y fabricante de churros y porras como Expediente Anwar (2007) y X-Men Origins: Wolverine (2009), se va a encargar de la película y, herejía, ha retocado el guión que Scott Card ya había reescrito incontables veces desde los noventa. A pesar de todos estos malos presagios, una luz al final del túnel: la insistencia del escritor mormón en que jamás autorizaría una adaptación que vulnerase la esencia del libro. 

Rafael Marín publicaba en Artifex (Vol.18; Abril 1998) esta charla con Card, entrevista imprescindible para cualquier lector habitual de este prolífico y popular escritor, en la que podemos encontrar motivos para la esperanza de que la película respetará el espíritu de la obra original sin convertirla en un High School Space Musical, donde Ender acabe con el problema de que nunca le han besado en una escena final con baile de graduación, ponche de hormonas y la Hannah Montana de turno frotándole to lo negro -¿all black?-. Card desmiente tal posibilidad en la entrevista antes referida:

"Me han pedido que escriba el guión de la película cientos de veces en los últimos diez años. Pero siempre querían hacer que Ender tuviera dieciséis años, y se enamorara... No quise vender los derechos, no importaba cuánto me ofrecieran, a menos que fuera descrito como un niño de menos de doce años (...)"


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