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127 Horas: montaña hueca.

No he leído Between a Rock and a Hard Place, el libro en que se basa la película, y en el que Aron Ralston cuenta la experiencia que vivió en 2003 en el Blue John Canyon, el lugar en el que este montañista norteamericano se arrancó el brazo para poder escapar de su prisión de roca, de una muerte segura.  Sí recuerdo el hecho por lo impactante de la noticia, pero mi memoria le entrega el espacio que merece: el de un titular. Si hubiera leído el libro seguramente no sería así, y habría conocido la tragedia de un hombre cuando se enfrenta a la certeza de la propia muerte en una cuenta atrás sostenida por el contenido de su cantimplora. Danny Boyle sí debió leer el libro y se lanzó a producir un largometraje con la historia de Ralston. El caso es que si leyó el texto dio igual, porque el oscarizado director sólo araña la superficie de este drama con su película 127 Horas. Como mi recuerdo de la noticia del 2003, este filme me deja en la cabeza sólo un titular. Se acaba y no he vivido la experiencia terrible del protagonista, sólo he sido un testigo de lujo en su mutilación, a la que el realizador nos dirige se diría que con prisa, fumándose la mitad invisible de la historia, la parte humana, a base de su habitual sugestión visual.  Como si Danny Boyle, igual que yo, sólo recordase de la historia el impactante titular de la noticia, su cinta sirve al único y condenable propósito de hacer sentir al espectador cómo es cortarse un brazo prácticamente a bocaos.


Oscars animados.

En estas fechas, con los Oscars ya a la vista, suelo repasar cada año los resultados de anteriores ceremonias. Uno se escandaliza al encontrar cosas como aquel Oscar a mejor actor secundario a Tommy Lee Jones del 93, por delante de Di Caprio en Quien ama a Gilbert Grape, o Ralph Fiennes en La Lista de Schindler, o, por dios, Pete Postlewaithe, que en paz descanse si puede, por su Giusseppe Conlon de En el Nombre del Padre. Un premio injusto de esos que duelen más con los años, al menos a mí, y que tiene la curiosidad de que, en una casualidad llena de justicia poética, el premio fue entregado por Marisa Tomei, que el año anterior se había llevado uno de los Oscars más cuestionados de la Historia. Vean el vídeo de esta ignominia:



Mi estupor me conduce entonces a categorías más relajantes, como las trepidantes entregas de premios a edición de sonido, montaje de cáterings para estrellas o a mejor mediometraje  en lengua extranjera pero dirigido en USA. Llegados aquí conviene huir a los géneros más cortos. En este blog repasamos de vez en cuando algunos cortos interesantes, pero no nos hemos fijado mucho en la animación. Los cinco candidatos de este año a cortometraje de animación aún no pueden ser recogidos para ser vistos con la calidad deseable, salvo el de Pixar, Day & Night, que acompañó en los cines a Toy Story 3 y que todos habréis visto como las gentes de bien que sois. Por si acaso os lo pongo, y además repasaremos los candidatos de esta categoría el año pasado, con representante español incluido –y agraviado- y unos cuantos minutos de animación de calidad.

Aquí, Day & Night, de Pixar.

Day & night from JuanPStark on Vimeo.

Ricky Gervais: margaritas a los cerdos.

Si Ricky Gervais se proponía dejar de presentar en el futuro la gala de los Globos de Oro, la cosa le ha salido bien. Si solamente pretendía averiguar dónde están los límites del sentido del humor de las estrellas, ya lo sabe, aunque ha perdido un trabajo. Hoy, la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood ha anunciado la vaporización del humorista británico, que no presentará más la gala, tras dos años haciéndolo, con éxito la primera, con escándalo la segunda. La decisión responde a las quejas de algunos actores que, a través de sus agentes, trasladaron a la organización de los galardones su enfado por las bromas de Gervais. Hoy los aludidos pueden dormir tranquilos, se ha hecho justicia. Desacostumbrados como están a finales amargos la mayoría de los agraviados, la decisión habrá devuelto la calma, que no la honra, a estas sensibles estrellas que no dudan en tener una pataleta en lugar de tener la clase que no tuvo Gervais; según ellos, claro.

Desde luego, Gervais no es Billy Cristal. Uno se pasa la vida viendo como las galas de premios del cine se convierten en espectáculos sosos, tontos y llenos de autosatisfacción onanista. Los Oscars son para que todos se coman las pollas unos a otros a gusto, así que nos podemos imaginar la decepción de que te toque recoger premio justo en la gala en que se le va la olla a ese chalado Don Nadie. Mierda, hoy no me felicitan, hoy me van a hacer una broma que no sabré contestar porque no es una broma de las que me hacen el chico que me cuida el jardín o mi agente. Son bromas de verdad, de las que hace la gentuza de la calle cuando habla de nosotros. Hoy, decía, no. Hoy me van a intentar sacar los colores y lo van a conseguir. Hoy demando al gordo este. Y despido al del jardín, que seguro que se está riendo. Ya ves. En EEUU hay cosas que sólo puede decir Sarah Palin, la más famosa humorista del país.

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