Si Ricky Gervais se proponía dejar de presentar en el futuro la gala de los Globos de Oro, la cosa le ha salido bien. Si solamente pretendía averiguar dónde están los límites del sentido del humor de las estrellas, ya lo sabe, aunque ha perdido un trabajo. Hoy, la Asociación de Prensa Extranjera de Hollywood ha anunciado la vaporización del humorista británico, que no presentará más la gala, tras dos años haciéndolo, con éxito la primera, con escándalo la segunda. La decisión responde a las quejas de algunos actores que, a través de sus agentes, trasladaron a la organización de los galardones su enfado por las bromas de Gervais. Hoy los aludidos pueden dormir tranquilos, se ha hecho justicia. Desacostumbrados como están a finales amargos la mayoría de los agraviados, la decisión habrá devuelto la calma, que no la honra, a estas sensibles estrellas que no dudan en tener una pataleta en lugar de tener la clase que no tuvo Gervais; según ellos, claro.
Desde luego, Gervais no es Billy Cristal. Uno se pasa la vida viendo como las galas de premios del cine se convierten en espectáculos sosos, tontos y llenos de autosatisfacción onanista. Los Oscars son para que todos se coman las pollas unos a otros a gusto, así que nos podemos imaginar la decepción de que te toque recoger premio justo en la gala en que se le va la olla a ese chalado Don Nadie. Mierda, hoy no me felicitan, hoy me van a hacer una broma que no sabré contestar porque no es una broma de las que me hacen el chico que me cuida el jardín o mi agente. Son bromas de verdad, de las que hace la gentuza de la calle cuando habla de nosotros. Hoy, decía, no. Hoy me van a intentar sacar los colores y lo van a conseguir. Hoy demando al gordo este. Y despido al del jardín, que seguro que se está riendo. Ya ves. En EEUU hay cosas que sólo puede decir Sarah Palin, la más famosa humorista del país.







